A MEDIO SIGLO DEL TEATRO NACIONAL DE CUBA: EVOCACIÓN A SUS CARTELES
Por: Reinaldo Morales Campos
Aunque
por sus representaciones pictóricas, exhortaciones y
reflexiones de sus mensajes, en los que se enfatizan momentos
significativos y trascendentales de la Revolución Cubana,
el cartel político tiene el principal desempeño; hay
que significar que con similar expectación, asociados con
la difusión de los nuevos cambios y transformaciones ocurridas
en el campo de la cultura, también han estado los de
divulgación de temas culturales.
Sin las codificaciones y formalidades que para
la creación de convicciones patrióticas y
revolucionarias, han poseídos los de temas políticos,
en los nuevos carteles de temática cultural, a diferencia de
los realizados durante el periodo de la República__ que con
un marcado interés mercantilistas sólo sirvieron para
anunciar las ofertas de funciones de teatros y de diversos
espectáculos__ estos, después del triunfo
revolucionario, comenzaron a ser diseñados con un nuevo
lenguaje, con otros valores estéticos-comunicativos y pasaron
a ocupar un lugar significante dentro la sociedad.
Siendo
a través del nuevo cartel de información cultural por
donde primero se produjo la génesis del proceso de asimilación
de nuevos valores artísticos de la cartelistica surgida con
la Revolución Cubana; en los que mediante la reformulación
de sus códigos empleados con anterioridad en sus mensajes;
además de promocionar los programas y actividades culturales,
se logró estimular el conocimiento de la diversas
manifestaciones artística de la cultura nacional e universal
y de las transformaciones que se comenzaron a generar en el campo
cultural.
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-Departamento de Bellas Artes Administración Municipio de la Habana, offset, 1959 |
- Ballet Nacional de Cuba Offset, 1960
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-Rolando Oraá Teatro Nacional de Cuba/ Ministerio de Educación, serigrafía, 1960 |
En
las nuevas circunstancias con la frescura original de sus elementos
gráficos, su acostumbrado empleo de gama cromática y su
texto integrado al dibujo, asumidos como un acontecimiento
folclórico y tradicional, brillaron también con sus
elocuentes bellezas los carteles del carnaval, como el de la
Libertad; organizado en La Habana en febrero de 1959. De similar
cualidades pero impresos en offset, con tipografía acompañadas
de una ilustración o fotografía, estuvieron los creados
por el Departamento de Bellas Artes de La Habana, de la
Administración Municipal Revolucionaria de La Habana;
portadores de la programación cultural, como los de:
Cooperativa
Popular de Artes, 1ra Exposición y venta de cuadros y
Cine Municipal del Pueblo,
que se organizaban, a precios populares, en el anfiteatro de la
Avenida del Puerto, Plaza de Arma y en diversos puntos de la
ciudad.
Junto al Departamento de Bellas Artes de la
Administración Municipal Revolucionaria de la Habana,
desempeñaron en aquel periodo una significativa labor de
promoción y en la escenificación de actividades
culturales de atractiva calidad: la Dirección de Cultura del
Ejército Rebelde, los Departamentos de Extensión
Universitaria de las Universidades de La Habana y Oriente, la Sección
de Cultura de la Dirección del Movimiento 26 de Julio,
Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, Sociedad Liceum Lawn Tennis,
Sociedad Pro Arte Musical y Dirección de Cultura del
Ministerio de Educación (MINED).
Por otra parte la creación
mediante la Ley No 379 del 12 de Junio de 1959 del Teatro Nacional de
Cuba (TNC), subordinado a la Dirección de Cultura del
Ministerio de Educación (MINED), posibilitó la creación
de una institución encargada llevar a efecto la política
cultural de la Revolución;
con sus departamentos de Folklore, Música, Artes Dramáticas,
Danza y Publicaciones e Intercambio Cultural, no solo propició
un incremento de las actividades culturales, sino que también
contribuyó a establecer un equipo de publicidad y propaganda,
para la creación de diseño de anuncio de prensa,
carteles, folletos, sueltos informativos y programación de los
espectáculos culturales.
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El Teatro Nacional de Cuba
según lo determinado en Ley que oficializó su
constitución establecía entre sus misiones la “…de
llevar a cabo labor de fomento y desarrollo que el Estado Cubano debe
realizar en lo referente al teatro, música, ballet, opera y
actividades artística en general” por
lo que dada su circunstancia y sus objetivos esta institución
rebasó su función teatral para trascender como
fundación gestora, propagadora y transformadora de la cultura
nacional. Iniciando una revolución cultural de todas las
manifestaciones artística del país.
Entre
1959 y 1960; en el Teatro Nacional de Cuba devenido en uno de los
centros culturales más importantes de América Latina,
se realizaron importantes presentaciones en su Sala Covarrubias,
obras como La Ramera Respetuosa de Sucre; realizado por Francisco
Morin y de El Lindo Ruiseñor, por Dume; así como los
espectáculos del Conjunto de Danza Moderna, La Suite Yoruba de
Ramiro Guerra y los del folklore afrocubano estrenados por Argeliers
León, distinguieron la labor de dicha institución; que
en eficaz colaboración con las organizaciones obreras y
campesinas, extendió su labor a centros laborales y
comunidades rurales de todo el país.
En el Teatro Nacional de Cuba, Ricardo Vigon;
Jefe de Propaganda, hasta que murió en abril de 1960, creó
un equipo de trabajo de diseño, que tuvo como Director
Artístico al artista de la plástica Pedro Oraá
Carratalá e integrado por los creadores Umberto Peña,
Carlos Manuel Díaz Gámez, Roberto Guerrero, Rolando
Oraá y José Manuel Villa. Tony Évora colaboró
con el diseño del programa que informaba de las actividades
programadas en sus instalaciones culturales; siendo esta la fuente
originaria de donde surgieron los primeros carteles con soluciones
instructivas para educar al público en la apreciación
de las artes visuales, con diseños donde estuvieron presentes
elementos plásticos de fácil comprensión con
motivación a la reflexión a la sugerencias.
Proporcionándose los origines del uso del cartel cubano con
una proyección artística-comunicativa sin proyección
mercantilista y con fines educativos.
Uno de esos carteles, de
tema cultural, portadores de los nuevos atributos se consiguió
en el diseñado por Rolando Oraá, en julio de 1960,
para la promoción de la Opera
de Pekín;
de fascinantes descripción pictórica, configuraciones
lineales naturales y atractiva imaginación, su impresión
gráfica se ejecutó en un taller de serigrafía
que poseía su hermano Pedro Oraá, en su casa, no
obstante su calado
y reproducción de forma manual se logró configurar
una obra de extraordinario valor artístico en el que quedaron
plasmados elementos plásticos de fácil compresión
que incentivaron a la reflexión y sugerencias.
El cartel cultural del Teatro Nacional de Cuba,
bajo el creditito TNC-MINED, entre finales de 1959 y durante 1960,
formó parte de una diversidad de medios de propaganda, que
incluyó también los anuncios de prensa y el empleo por
primera vez de impresos en serigrafía en formato rectangular
de gran coloridos y bellezas, portadores de mensajes culturales, no
comerciales, que fueron colocados sobre las ventanillas de los
ómnibus del servicio público urbano, donde
tradicionalmente se colocaban los anuncios publicitarios.
De análogo
contenido, los carteles de las presentaciones del Ballet de Cuba,
gremio artístico dirigido por Alicia Alonso, también
formaron parte del entorno promocional de la vida cultural. Para la
presentación del Primer Festival Internacional de Ballet de la
Habana, inaugurado el 15 de marzo de 1960 ___ y que para su
organización se contó con la colaboración del
Instituto Nacional de Industria Turística (INIT) y los
organismos culturales del Gobierno Revolucionario___ se editó
un excelente afiche con una gama de tonalidades en azul donde
aparece la imagen de Alicia
Alonso
su diseño fue un aporte del Departamento de Divulgación
del INIT; ganador de primeros lugares en concurso de carteles del
carnaval habanero.
Para
entonces en los empleados para la presentación de
exposiciones de pinturas, cerámicas y otras manifestaciones
artísticas; la serigrafía, constituyó el medio
fundamental por donde artistas plásticos, incorporados al
diseño gráfico, expresaran sus aportes artísticos
con atrayentes elementos y símbolos gráficos, entre los
que se distinguieron, además de los antes enunciados del
Teatro Nacional de Cuba (TNC), también estuvieron: Eladio
Rivadulla, Salvador Corragé, Wilfredo Arcay, Julio Pedro
Medina, Rodolfo Peña Mora, Carmelo González, Raúl
Martinez González, Esteban Ayala, Servando Cabrera, René
Portoccarrero, Mariano Rodríguez, Ricardo Reymena, Miguel
Custilla, Roger Aguilar Labrada, José Mancilla, Jorge
Carruana, Héctor VIllaverde y Luís Martínez
Pedro
|
-Ministerio de Educación Serigrafía, 1961
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-Raúl Martínez González TNC-CNC-MINED, offset, 1961
|
-Pedro Oraá CNC-TNC, serigrafía, 1961 |
Igualmente
enmarcado en los de temas culturales, cuando el Instituto Cubano de
Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), primera institución
cultural, creada por la Revolución el 24 de marzo de 1959,
encargada de fomentar un cine que conservara su condición de
arte, carácter, educativo, formador de conciencia y espíritus
revolucionario, aun se encontraba en fase de estructuración y
no había iniciado aun su protagonismo en la edición de
un nuevo cartel de cine, con contrastadas atribuciones simbólicas
estuvieron los de Pelicuba, distribuidora creada en 1959 y
perteneciente al Partido Socialista Popular (PSP); que se encargaba
de la exhibición en los cines de los filmes procedentes de la
Unión Soviética y los demás países
socialista, estos carteles de configuraciones con tonalidades tenues
se diferenciaron de los de representaciones pictóricas de
intensas tonalidades, de marcado interés lucrativos y
excitantes acciones de terror y violencia que reflejaron los de
las distribuidoras privadas de cine que actuaron hasta finales de
1960.
Fue
a partir del estreno
mundial, el 30 de diciembre de 1960, del primer largometraje de
ficción cubano: Historias
de la Revolución, que el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos
(ICAIC), inició la edición de los carteles del nuevo
cine cubano. En ese primer cartel, impreso en offset y con un
lenguaje susurrante, se eliminaron las escenificaciones trágicas
y las pretensiones mercantilistas. Continuamente, durante 1961, en
los reproducidos en serigrafía participaron Eduardo Muñoz
Bachs, Rafael Morante Boyerizo y Eladio Rivadulla Martínez;
en los primeros aportes predominaron el uso de la línea, con
preferencia a la ilustración en lo formal
y colores de pocas intensidades sobre fondo blanco; con
representaciones pictóricas, que junto al titulo, brindaron al
público la inmediata identificación con la trama
principal del filme que se le sugería.
Simultáneamente en
el Teatro Nacional de Cuba; en el afán de continuar
propiciándole al cartel una significada pretensión
artística, sus creadores, para la promoción de los
diversos espectáculos también se confeccionaron posters
de grandes dimensiones coloreados en forma caballetes, montados sobre
trípodes como el diseñado por Pedro Oraá para el
estreno de la obra Santa
Camila de la Habana Vieja. Indistintamente
en una entidad denominada Dekora se imprimieron carteles en
serigrafía y se confeccionaros vallas, todos estos medios de
propaganda fueron ubicados en calles y avenidas de la capital.
Con
la conversión de la Dirección de Cultura, mediante la
Ley No 926 del 4 de enero de 1961, a Consejo Nacional de Cultura
(CNC), adscrito al Ministerio de Educación; que entres sus
nuevas funciones tuvo la de aplicar “… una
política cultural amplia y profunda, destinada a todas las
capas sociales de la población y de manera especial a los
sectores populares”, concluyó
el proceso de germinación del cartel cultural y se inició
una fase de generalización de su empleó; que abarcó
la realización de ediciones en grandes cantidades portadores
de los mensajes de las transformaciones que se originaron en el campo
cultural y en la vida general de los cubanos.
Ese
momento, a partir del cual se logró situar la cultura al
alcance del pueblo, coincidió con el inicio de la Campaña
de Alfabetización y con la derivación del cese del
histerismo publicitario, que alcanzó su máxima
declinación cuando, el 22 de febrero de 1961, por
indicaciones del Che, se suprimieron por 24 horas la difusión
de las menciones comerciales en la radio y la televisión y al
apreciarse que tal medida tuvo la aceptación de la ciudadanía;
se acordó su total eliminación. Los espacios que se
ocupaban con anterioridad en emitir anuncios se ocuparon por
programas culturales como: Viernes de CMQ para la presentación
de teatro, opera y zarzuela.
Entre
diversos factores que incidieron en su eliminación se
pueden señalar: la reacción del pueblo, inmerso en una
situación de cambios transformaciones; que en consecuencia con
el creciente proceso de educación, culturización y
convencimiento revolucionario, manifestó una reacción
de rechazo contra los patrones establecidos en la publicidad donde se
excitaba al consumo mediante el empleo textos e imágenes
degradantes de mujeres y niños.
|
-Umberto Peñas, CNC, serigrafía 1961
|
-René Portocarrero UNEAC, Serigrafía, 1961 |
-Tony Évora Casa de las Américas, 1962 |
En los nuevos carteles de temática
cultural, poseedores de atrayentes elementos y símbolos
gráficos a la par de la serigrafía, comprendieron otros
acostumbrados sistemas de reproducción, como: la impresión
directa; con tipografía de caja y grabados, el offset y la
litografía. Además del CNC integraron también la
edición del cartel cultural: el Ballet Nacional de Cuba, las
Casas Editoriales de Libros, Casa de las Américas y la Unión
de Escritores y Artista de Cuba (UNEAC). En los que, entre otros
diseñadores, participantes estuvieron: Cesar Mazola Álvarez,
Rafael Zarza González, Rafael Morante Boyerizo, José
Gómez Fresquet (Fremez), Julio Herrera, Pedro Arrate, Alfredo
Rostgaard y Pablo Casanueva
La
suscitada madurez alcanzada en los carteles culturales posibilitó
que__ tras su fugaz periodo de germinación de sus nuevas
configuraciones en el Teatro Nacional de Cuba (TNC)__ a partir de la
generalización de su empleo, después de la creación
en 1961 del Consejo Nacional de Cultura (CNC), posibilitó que
se logrará mostrar efectivos mensajes donde como sustentáculo
esencial de la visualidad, se acudió al empleo de la
fotografía a medio tono, con contrates de luz y sombra y a
línea; así como tipografía con el texto
reservado. En otros diseños se utilizó la ilustración
pictórica de imágenes surrealistas y originales con
delineación de mayor complejidad estética mediante el
empleo de efectos ópticos y cinéticos a la línea
ondulante del art nouveau, de la imagen figurada y del uso del dibujo
combinado con la fotografía. En casi todos sus aportes
gráficos se manifestaron la fusión de las artes
plástica con los principios humanistas, solidarios e
internacionalistas de la Revolución.
EL CARTEL CUBANO DE CINE EN SERIGRAFIA
Reinaldo Morales Campos, 13-03-2009